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Entonces Jonás oró así al SEÑOR su Dios desde el estómago del pez:
«Clamé a ti, SEÑOR, en medio de mi angustia
¡y me contestaste!
Desde las profundidades del sepulcro* sepulcro o Seol, sitio donde van los muertos. pedí tu ayuda,
¡y me escuchaste!
»Me arrojaste a lo más hondo,
a lo más profundo del mar;
la corriente me envolvía,
y todas tus olas poderosas pasaban sobre mí.
Pensé: “Me has echado de tu presencia,
pero así y todo yo seguiré rogando hacia tu santo templo”. pero […] santo templo o ¿cómo volveré a ver tu santo templo?
»Las aguas me envolvieron hasta el alma,
estaba cubierto de mar por todas partes;
las algas se enredaban en mi cabeza.
Me hundí en el mar
hasta donde comienzan las montañas.
Bajé al mundo de los muertos
y tras de mí sus rejas se cerraron para siempre.
Pero tú SEÑOR, Dios mío,
me sacaste vivo de la fosa.
Al sentir que se me iba la vida,
me acordé del SEÑOR
y mi oración llegó hasta ti,
en tu santo templo.
»Los que adoran ídolos inútiles
han dejado tu fiel amor han dejado tu fiel amor o han dejado de serte leales.;
pero yo con gratitud te alabaré
y te ofreceré sacrificios.
Cumpliré la promesa que te hice.
¡La salvación viene del SEÑOR!»
10 Entonces el SEÑOR le ordenó al pez que vomitara a Jonás en tierra firme.